Después del paseo que los alemanes le pegaron a Brasil, se esperaba con ansia el juego que arrojaría al otro finalista y este saldría del Holanda ante Argentina.
El público mexicano, en su mayoría, le iba a los pamperos, quizá por el hecho de ser latinos y por el odio que hemos estrenado contra los naranjas, particularmente en la persona de Arjen Robben, quién se ha convertido en el villano favorito de la etnia azteca.
El partido resultó más tenso que una cuerda de violín, con escasas oportunidades de gol en ambas porterías y con esquemas de juego especulativos y en ratos, francamente aburrido.
Vinieron los tiempos extra y la tónica no varío, así que todo mundo se preparó para el drama de los penales y así conocer al rival de los teutones en la gran final.
La personalidad de los jugadores pamperos se impuso a un agotado cuadro holandés, que evidentemente no se preparó para ejecutar adecuadamente la serie fatal. El cobró del primer tirador europeo, quién teóricamente debería ser el mejor, mostró que la presión solo la soportan aquellos que están curtidos en la alta competencia.
Argentina llega a una gran final como no lo hacía desde Italia 90, donde justo cayó frente a los germanos con un discutido penal marcado, muy cerca del final, por el árbitro uruguayo naturalizado mexicano Edgardo Codesal.
Esta final ya había tenido su primera edición cuatro años antes, en México, donde de la mano de Diego Armando Maradona, la albiceleste levantó el trofeo de campeón.
La tercera edición de este duelo, lo hace el partido más jugado, en esta instancia, en la historia de la copa del mundo.
La lógica, esa mujer que se empeña, como suegra, en molestar y equivocarse, nos dicta que Alemania no debe tener problema para imponerse a un equipo argentino que de repente, parece avanzar a tropezones.
Nada más que en la vida, y el futbol es una maravillosa manifestación de ella, no hay forma de atinar a priori en los pronósticos. Los pamperos son un grupo de jugadores acostumbrados a la presión y a vivir compromisos de alta densidad. Solo así se comprende que hayan llegado tan lejos en este torneo.
El otro ingrediente fundamental es Lionel Messi. A la “pulga” se le sigue comparando con el “pelusa” Maradona solo porque no ha ganado el mundial. El resto, sólo favorece al mediocampista del Barcelona pero, aunque no es santo de mi devoción el Diego, mataría toda discusión el hecho de que Lío levantara la copa FIFA el domingo 13 de julio, número cabalístico, imposible de pasar desapercibido para los supersticiosos.
A ritmo de tango llegaron los “pibes”; habrá que ver si tienen la capacidad de bailar la samba que estaba reservada para Brasil. Yo le voy a Alemania.